Hablar de un Centro Comercial Abierto (CCA) suele evocar la imagen de calles con gente paseando, vidrieras iluminadas y mobiliario urbano. Sin embargo, detrás de esa postal hay un largo camino invisible de gestación, acuerdos y, sobre todo, la construcción de algo más difícil que cualquier obra de infraestructura: la confianza y la cooperación colectiva.

Para conocer ese detrás de escena, conversamos con Eliana Francou, representante de la Municipalidad de Villa Elisa; y con Anahí Maidana, referente del Centro Económico de la ciudad. Juntas, desde sus respectivos roles, lideran el proyecto para dotar a Villa Elisa de su primer CCA.

Un proyecto de ciudad

Villa Elisa cuenta con un perfil dinámico y un motor turístico innegable: el complejo termal, que atrae visitantes durante todo el año. Sin embargo, la ciudad no tenía un centro comercial formalmente delineado. La iniciativa surgió a mediados de 2024, ante la necesidad de rescatar el casco histórico y darle una impronta moderna. El objetivo era integrar el comercio, la gastronomía, el espacio público y el patrimonio.

“Un Centro Comercial Abierto no es solamente un proyecto comercial, sino también urbano, turístico y comunitario”, define Eliana Francou. El proyecto se concibe como una herramienta para pensar el centro como un producto integral. Por su parte, Anahí Maidana destaca que desde el Centro Económico -impulsados por la asistencia técnica de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) y el apoyo institucional de la Federación Económica de Entre Ríos (FEDER)- se busca "promover, acompañar y sostener el sector comercial de forma coordinada".

La alianza público-privada

Uno de los mayores desafíos en este tipo de proyectos es lograr la articulación entre el Estado y el sector privado. En Villa Elisa, esa cooperación demostró ser el motor principal. “Sin la intervención pública no es posible crecer, porque el CCA requiere tomar decisiones sobre espacios públicos y ordenanzas”, explica Maidana. Además, destaca el rol clave de contar con recursos humanos dedicados y un gerente coordinador que visita comercio por comercio.

Por su parte, Francou advierte que lo más importante es entender que el CCA no es propiedad de un solo sector. “La articulación implica aprender a trabajar con una mirada común. Cada actor tiene sus propios tiempos e intereses; sentarse en la misma mesa no significa que todos piensen igual, sino que consiste en encontrar aquellos puntos donde todos podemos ganar”, reflexiona.

En una ciudad donde predomina el comercio de escala familiar, la resistencia al cambio y la incertidumbre son barreras naturales. Para destrabar esta incertidumbre, la estrategia se basa en la escucha y en mostrar que el éxito colectivo tracciona el éxito individual. “Si logramos que el centro sea más atractivo, tenga mayor circulación, mejores experiencias y una identidad reconocible, ganan los comercios, la gastronomía, el turismo y los vecinos”, señala Francou.

El aprendizaje

Consultadas sobre el principal aprendizaje de este proceso, ambas coinciden en que la infraestructura urbana va de la mano de los vínculos humanos.

“El mayor aprendizaje es que antes de transformar físicamente el centro hay que construir confianza”, resume Francou. Un CCA no se sostiene solamente con cartelería o mejoras edilicias, sino con una comunidad comercial que avale el rumbo. En la misma línea, Maidana destaca la importancia de haber conformado un equipo interdisciplinario sólido entre el municipio y el Centro Económico, capaz de sostener el proyecto en el tiempo.

“El comerciante tiene que decidir si quiere apostar por el futuro del lugar donde tiene su negocio. Ningún comercio es una isla”, enfatiza Francou. Por su parte, Maidana concluye con una invitación al asociativismo: “deben permitirse creer; unidos y con un objetivo en común, los comerciantes generan resultados inimaginables y cuentan con el respaldo de profesionales para crecer”.

El Centro Comercial Villa Elisa todavía está escribiendo sus páginas iniciales, pero su mayor logro ya está en marcha: demostrar que, cuando una ciudad se pone de acuerdo en hacia dónde quiere ir, el futuro deja de ser una incertidumbre para convertirse en una construcción colectiva. En ese camino, el acompañamiento de CAME y FEDER es fundamental.